La Argentina y Brasil siguen detenimiento la denominada "guerra de monedas" que se desató a nivel mundial, en medio de la debilidad que muestra el dólar y la apreciación que evidencia el yuan, con el consecuente impacto en el resto de los países ante los movimientos en las divisas de ambas potencias mundiales. Anoche, se conoció que Brasil elevó por segunda vez en el mes el impuesto que cobra a extranjeros que compran bonos locales y hizo más costoso para los inversores negociar en derivados de moneda, buscando frenar el alza del real. El ministro de Hacienda, Guido Mantega, dijo a medios de Brasil que la medida debiera ayudar a desalentar a los inversores especulativos de llevar su dinero hacia la mayor economía de América latina. Brasil ha aumentado su intervención en el mercado de monedas para contener la rápida apreciación del real, la que Goldman Sachs estima que es la moneda más sobrevaluada del mundo.
Antes, el ministro de Economía argentino, Amado Boudou, sostuvo que nuestro país no se hará eco de los debates por la creciente "guerra de monedas" dado que tiene reservas y superávit comercial suficiente como para no preocuparse por cómo se comportarán las demás monedas. El ministro aclaró la posición del país en materia de tipo de cambio -que preocupa a exportadores e importadores- cuando las potencias se preparan para debatir por la nueva problemática en la Cumbre del G-20, el mes que viene.
Lo que genera polémica y tensión entre los países es lo que cada uno de ellos hace con el valor de su moneda respecto del dólar para ganar competitividad comercial tras la severa crisis mundial que golpeó con fuerza, sobre todo en Europa y los Estados Unidos.
Los países tienden a abaratar sus monedas para que al resto le resulten más barato sus productos y aumenten notoriamente la demanda, de cara a mejorar los niveles de producción e impulsar así la generación de puestos de trabajo, tal como lo hizo China en los últimos 10 años. También se puede abaratar la divisa frenando o penalizando el ingreso de capitales que meten presión a la propia moneda.